domingo, 7 de noviembre de 2010

Mi abuela

Este verano no fue fácil, pero ya me quejé aquí una vez y no me apetece volver a hacerlo. Prefiero escribir acerca de mi abuela, una de las personas que me ayudó durante este periodo, ofreciendo perspectiva a mis problemas, reconfortándome cuando triste y tranquilizándome cuando parecía que mis proyectos se venían abajo. El mundo no gira en torno mío, dato irrefutable que resulta menos fácil de olvidar cuando me hablan del tiempo cuando era un niño, o del tiempo cuando ni siquiera mi madre había nacido. Habló mi abuela. Habló acerca de su vida viajera: San Luis Potosí, Chicago, Boston, Washington y, finalmente la Ciudad de México, donde se encuentra la casa de jardín grande en donde envejecería y en donde aún vive. Mientras recordaba aquellos años sus ojos me miraban y parecía que no sólo se fijaban en mis propios ojos sino en el pasado que nombraba, como si sus ojos no me mirasen a mí sino adentro mío o detrás de mí, al espacio o el tiempo de la imaginación en donde se entrecruzan vivos y muertos. Habló acerca de mi abuelo y las caminatas de ambos por San Ángel: una pareja de viejos a los que visualizo de espaldas y a la que apenas recuerdo porque él falleció hace muchos años. Esta imagen probablemente se apropia de elementos de una fotografía que recuerdo bien. Mi abuelo, mi hermana y yo caminamos por la calle de Reina, en dirección a la casa de mi abuela; está lloviendo y yo voy al frente, con un impermeable y un paraguas cerrado, como un explorador; mi hermana, que tendrá unos cinco o seis años, está llorando y mi abuelo está junto a ella, ofreciéndolo la mano con delicadeza, como diciéndole: ‘vamos Nena, ya casi llegamos.’ Me es difícil visualizar a mi abuela casada y no viuda, hace más de veinte años que mi abuelo murió y de eso también habló ella: del cáncer prolongado y de la conversación acerca de las finanzas y las cuentas que ella y él sostuvieron. Me sorprendió la firmeza y el realismo con los que encaró la cascada de eventos desgraciados, sin tiempo para indulgentes tristezas pues tendría que tomar las riendas de casa y ocuparse de la familia. Y no me sorprendió el agradecimiento con el que se refería a los amigos que más la apoyaron entonces. Nunca la escuché hablar mal de nadie; nunca. Una de las primeras personas a las que llamó para informar la noticia fue un importante doctor amigo de mi abuelo cuyo nombre se me olvida ahora. Me admiré que después de tantos años mi abuela tuviera la gentileza y la elegancia de recordar agradecida a ese doctor, un hombre con el que mi abuelo trabajó pero que ella conocería bien porque de alguna manera ella vivió de manera vicaria, a través de él. Vi muchas fotografías también, fotografías que nunca había visto antes. En una de ellas están mi madre y sus hermanas a los dos o tres años –pese al tiempo transcurrido se reconocen sin problemas todas ellas: Elena, Tere y mi mamá, Pilar, el resto no había nacido. Hay algunas fotografías en Chicago: mi tía Elena sentada en su carriola, en la calle, junto a mi abuela que está de pie, sonriendo a pesar del frío. El telón de fondo resulta difícil de reconocer para quien no conoce la ciudad. Pero las escaleras masivas y desnudas del edificio frente al que están, así como algún detalle decó vuelven el escenario inconfundible para mí. En otra fotografía mi abuela está en la playa junto a sus hermanas, probablemente en los años cuarenta. Están de pie sobre unas rocas y el vestido de intenso rojo que mi abuela lleva contrasta vivamente con el azul metálico del mar. Las tres están posando entre serias y divertidas, muy guapas aunque mi abuela la que más. Los exuberantes colores hacen que parezcan salidas de un fotograma de Almodóvar, estrellas de cine de los años cuarenta. Y ahora sí me cuesta más trabajo reconocerla; no a causa del rostro que es el mismo a pesar del tiempo transcurrido, sino a causa del telón de fondo que no me es familiar, a causa del mar y sus hermanas… probablemente estaría casada ya, pero en la fotografía no se adivina familia alguna, solamente despliega ligereza y candor, y horizontes ilimitados.