sábado, 30 de octubre de 2010

Mi chamarra, otra vez

Hoy, o un día cercano a hoy, pero hace diez años y en París, compré mi chamarra de cuero. Costó 899 francos (unos 1,200 pesos de la época) y la habré usado un 75% u 80% de los días transcurridos desde entonces: la inversión fue buena, no cabe duda. Pero no es sólo eso. La vida me ha sonreído desde que tengo mi chamarra; es mi tótem y por eso no la he lavado nunca. Mas no huele mal, al contrario: huele a París y al D.F. y a Chicago, a mi perfume Hermès y a cerveza, a Yuna y a Begoña, todos ellos olores que me gustan. Y huele a viejo lo cual no importa porque ya no soy tan joven. Diez años son muchos años.

lunes, 11 de octubre de 2010

10.10.10

Ayer corrí mi primer maratón. 4 horas, 3 minutos y 53 segundos se prolongó la gozada (primero) y el sufrimiento (después). Dada mi condición de debutante, mi entrenamiento no demasiado serio y el calor infernal que azotó a la ciudad, el tiempo es bueno, aunque me frustrara ligeramente no romper la barrera de las 4 horas… ya será el año entrante. Correr ha sido este año mi actividad más constante y, tal vez, la más disfrutable. Corrí en Chicago y en el D.F.: en el Bosque de Tlalpan, los Viveros o la ciclopista, rodeando el cinturón de poblados al poniente de la ciudad, por el Ajusco y Tres Marías. Corrí en la playa en los Cabos, en el malecón de La Paz y en el Central Park de Nueva York. Corrí eufórico y deprimido, sereno, contento y trastornado, con novia y soltero. Corrí bajo el sol inclemente del verano y también corrí en invierno, cuando la nieve cubría la ciudad y el sol me acompañaba muy bajo en el horizonte, sin despedir calor pero iluminando al lago que brillaba resplandeciente. Corrí en noches de viento, bajo la lluvia, con algunas chelas encima y muchas mañanas crudo, casi siempre solo aunque algunas veces acompañado por mi amigo Paul o mi mamá. Pese al cambio incesante la rutina de salir a correr permanecía y creo que la constante me ayudó a conservar el equilibrio durante un año vertiginoso. Es contradictorio que un blog que lleva por título un poema de Bukowski contenga entradas como ésta, pero la vida cambia, y aunque las historias de taqueros satánicos quebrantahuesos sean más divertidas que las de maratones, me alegra que sean estas últimas las que ahora subo aquí.