lunes, 11 de octubre de 2010

10.10.10

Ayer corrí mi primer maratón. 4 horas, 3 minutos y 53 segundos se prolongó la gozada (primero) y el sufrimiento (después). Dada mi condición de debutante, mi entrenamiento no demasiado serio y el calor infernal que azotó a la ciudad, el tiempo es bueno, aunque me frustrara ligeramente no romper la barrera de las 4 horas… ya será el año entrante. Correr ha sido este año mi actividad más constante y, tal vez, la más disfrutable. Corrí en Chicago y en el D.F.: en el Bosque de Tlalpan, los Viveros o la ciclopista, rodeando el cinturón de poblados al poniente de la ciudad, por el Ajusco y Tres Marías. Corrí en la playa en los Cabos, en el malecón de La Paz y en el Central Park de Nueva York. Corrí eufórico y deprimido, sereno, contento y trastornado, con novia y soltero. Corrí bajo el sol inclemente del verano y también corrí en invierno, cuando la nieve cubría la ciudad y el sol me acompañaba muy bajo en el horizonte, sin despedir calor pero iluminando al lago que brillaba resplandeciente. Corrí en noches de viento, bajo la lluvia, con algunas chelas encima y muchas mañanas crudo, casi siempre solo aunque algunas veces acompañado por mi amigo Paul o mi mamá. Pese al cambio incesante la rutina de salir a correr permanecía y creo que la constante me ayudó a conservar el equilibrio durante un año vertiginoso. Es contradictorio que un blog que lleva por título un poema de Bukowski contenga entradas como ésta, pero la vida cambia, y aunque las historias de taqueros satánicos quebrantahuesos sean más divertidas que las de maratones, me alegra que sean estas últimas las que ahora subo aquí.

8 comentarios:

Mujer Maravilla a la Mexicana dijo...

Esa sensación de melancolía, soledad y paz que sentía al correr en las horas donde aún no se separa la mañana de la madrugada alrededor del Lago de Guadalupe, escuchando la mejor música de la programación de la estación rockera chilanga por excelencia, siempre es un grato recuerdo.

Apuesto que Bukowski también tenía sus horas de cotidianidad y armonía.

Un abrazo
Aunque tus post sean espaciados, aquí sigo de fan from hell, simplemente por el hecho de que tus palabras me provocan una sensación de calidez, de esperanza al saber que hay una persona capaz de los relatos y pensamientos que nos regalas.

Jo dijo...

creo que ironicamente de las actividades en las que uno puede sumergirse en sus pensamientos... es corriendo

aunque a pasos lentos o apresurados.. asumo que el correr no es lo mio... pero es un reto profesional y personal que no cualquiera lo acata como debe o al menos con disciplina

Xavier dijo...

Excelente! Yo estoy en proceso de motivarme para ponerme en buena condición de nuevo. Es difícil, pero ya no tengo tanto tiempo como antes para hacerlo. No puedo correr ya por mis rodillas deficientes, pero hay otras alternativas divertidas. Las historias de taqueros siempre serán paréntesis que matan el aburrimiento.

Ochoa dijo...

Muchas felicidades

Paul dijo...

Puedo decir que lo que más disfruté de aquellos entrenamientos fue la charla constante, segura, fluida como el ritmo del paso. Si algo me pesa de no haber ido, es el haberme perdido de una buena conversación mientras recorríamos Chicago. El año que viene habrá otra oportunidad. Sobre el poema que titula el blog y las limitaciones a tu desenfreno autodestructivo (jaja), creo que el haber corrido crudo las compensa.

Invierno Funk dijo...

Me dió mucho gusto haberte conocido. Tus letras son sublimes, gracias por hacernos sentir vivos.

Gracias por todo. :)

Enrique G de la G dijo...

La experiencia del maratón es fundamental, es una de las mejores metáforas de la vida. Ya lo verás.

nicole beckmann dijo...

muchas felicidades. me encanta como escribes.