lunes, 16 de noviembre de 2009

Kosmos

Tras algunos días leyendo a Alexander Von Humboldt empiezan a atraerme las ciencias naturales (va una recomendación: The Passage to Cosmos, una joyita de Laura Dassow Walls acerca de la vida y obra del personaje). Quizás por eso no echo de menos la ciudad de México, y en cambio contemplo absorto el lago Michigan y las cientos de hojas suspendidas en este viento de otoño, zigzagueando anárquicas por el aire. Humboldt escribió en el Nuevo Mundo: “el árbol bajo el que descansábamos, los luminosos insectos en el aire, las constelaciones del sur resplandecientes en la noche… cada objeto señalaba la enorme distancia que nos separaba de nuestra tierra nativa. Y, sin embargo, el sonido familiar de una campana en el valle cercano despertaba reminiscencias de nuestro hogar; eran voces distantes que resonaban desde más allá del océano, su mágico poder transportándonos de un hemisferio al otro. Extraña movilidad de la imaginación del hombre, ¡fuente eterna de nuestra dolor y nuestra dicha.” Humboldt no se sentía solo cuando exploraba el insondable Orinoco o las cordilleras de los Andes; intuía que la distancia entre Sudamérica y Europa no era tan grande pues su mente estaba en ambos lugares: percibía relaciones secretas entre ellos y dotaba de coherencia y belleza al cosmos.

A algunas de las mejores cosas de la vida toma tiempo darles el golpe. Mi padre me atormentó con música clásica durante toda mi niñez, pero hace un rato Horowitz y Beethoven me arrancaron un par de lágrimas. Nos despertaba a mi hermana y a mí en medio de la noche para que subiéramos al observatorio de nuestra casa en Zacualpan y miráramos una estrella o un planeta, y nos hablaba de los volcanes, la astronomía y los grandes maestros de la música y la ciencia.

Cada día oscurece más temprano en Chicago. A partir de las dos o tres de la tarde una luz pálida se apodera del cielo, apenas iluminado por el sol que estará allá por México o aún más al sur. Ahora es mi mente la que viaja entre un lugar y otro; la que abarca y ordena esa trama infinita que incluye a la tierra y al cielo y a mis afectos que extraño estos días, aunque están en mi cabeza y en el mundo conmigo. Somos como satélites, dibujando figuras misteriosas en la noche larga.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Tristes trópicos

Falleció Lévi-Strauss. Tristes trópicos es uno de los libros más bellos y tristes que he leído; mi ejemplar quedó en el DF, pero conservo una cita en la computadora, cita que ahora transcribo. Se aleja de forma irremediable el siglo XX. Desaparece vertiginosamente el Amazonas que Lévi-Strauss exploró allá en los años cuarenta.

[…] En una verdadera encuesta psicosociológica, concebida según los cánones más modernos, se sometió a los colonos a un cuestionario para saber si, según ellos, los indios eran o no capaces de vivir por sí mismos, como los campesinos de Castilla. Todas las respuestas fueron negativas. Se decía que, en rigor, quizás sus nietos pudieran serlo, pero los indígenas eran tan profundamente viciosos que cabía dudarlo. Por ejemplo: huían de los españoles, se negaban a trabajar sin remuneración y, sin embargo, llevaban su perversidad hasta el punto de regalar sus bienes; no aceptaban a sus camaradas a quienes a los españoles habían cortado los orejas. Y como conclusión unánime: “Para los indios valía más ser hombres esclavos que animales libres.”

Por otra parte, en el mismo momento y en una isla vecina (Puerto Rico, según el testimonio de Oviedo), los indios se esmeraban en capturar blancos y hacerlos morir por inmersión; después, durante semanas, montaban guardia junto a los ahogados para saber si estaban o no sometidos a la putrefacción. De esta comparación entre las encuestas se desprenden dos conclusiones: los blancos invocaban a las ciencias sociales, mientras los indios confiaban más en las ciencias naturales; y en tanto que los blancos proclamaban que los indios eran bestias; éstos se conformaban con sospechar que los primeros eran dioses. A ignorancia igual, el último procedimiento ciertamente era más digno de hombres.

viernes, 6 de noviembre de 2009

La vraie vie est ailleurs...