viernes, 16 de enero de 2009

Fotografías

No me gustan tus fotografías. Te extraño, así que las miro sin reconocerte. Observas a la cámara con demasiada atención, como si ingenuamente quisieras controlar de qué forma te verán mañana viejos afectos y afectos nuevos que no te conocen aún. Parece demasiado ensayado el rostro que le ofreces al mundo, tenso y teatral el rictus: la sonrisa simulada, estudiada mil veces. Te ves deliberadamente perfecta. Son las fotografías menos transparentes que recuerde. Nadie podrá conocerte a través de ellas, lo cual me alegra y consuela. A mí me gustas más cuando crees que nadie te observa, y a veces hay que esperar largo rato a que bajes la guardia… eres tanto más irresistible cuanto menos te percatas de ello: cuando distraída o dormida o concentrada en mí solamente. Me gustas más cuando más egoísta eres, cuando no te importan el mundo ni sus millones de ojos admirativos y cierras las cortinas para que solamente te mire la única persona que te ha sabido observar, con deseo, pero también con paciencia, cariño y amor.

jueves, 1 de enero de 2009

El ocaso de los blogs

No quería llegar a este punto. Escribir acerca del año nuevo o la naturaleza de los blogs o nuestro propio blog (sus cien primeras entradas o su primer aniversario) me parecían síntomas de un espacio desfalleciente o en decadencia (lo cual seguramente es mi caso).

La disminución en las entradas de este blog –y, más importante, la menguante calidad de éstas– obedece a varias razones. Estuve ocupado en asuntos más o menos importantes, menos agudo y sensible en mi diario observar de la ciudad y también menos ducho con el teclado. Más importante: el blog nació como un espacio secreto, pero en la medida en que conocidos míos lo han descubierto, y en la medida en que yo mismo lo he divulgado, me siento más reacio a escribir acerca de ciertas situaciones o personas que podrían reconocerse o sentirse lastimadas u ofendidas (y lo opuesto también ocurre, que me avergüenza hablar bien de quien se enterará de ello) así que las entradas se han vuelto crípticas, abstractas o de plano nomás no han sido.

Pero creo que la principal razón del ocaso bloggero es más íntima. Al principio pensé que se trataba de expresarse, afilar la pluma, lanzar un mensaje en una botella, pero lentamente la red de blogs que leía se convirtió en una suerte de comunidad, no tan distinta al facebook (sólo que menos frívolo, o más ilustrado me gustaría pensar). No se trataba solamente (porque también había eso) de que esperara comentarios, alimento al ego como me reprochó un amigo. Sucedía que esperaba ciertos comentarios, y también ciertos posts, de ciertas personas, la mayoría de ellas desconocidas, pero que se convirtieron en presencias entrañables que le daban a mis días una rutina reconfortante. Era menos una cuestión de cantidad que de familiaridad y afinidad y amistad tal vez. Al principio mi amiga Sara era mi única lectora; veía un comentario y tenía la certeza de que se trataba de ella. Después llegaron otros visitantes, Red Shoes Girl o Xavier o Miguel Cane. Me gustaba que pasaran por mi blog, y escribía imaginando que esa misma noche ellos leerían lo que escribía y la sensación era de familiaridad y agradable rutina. Después llegaron otros lectores cuyos blogs me gustaban y cuyas visitas me causaron gran satisfacción, isteri o defeña salerosa por ejemplo. Incorporé a algunos de ellos a la lista de contactos del blog y ellos hicieron lo mismo y así creció el sentimiento de comunidad o grupo, no sé de qué otra forma llamarlo. Hubo un momento, algunas semanas o un par de meses quizás, en que la dinámica se volvió frenética: todas las noches prendía la computadora y me encontraba con comentarios y nuevos posts que todos juntos conformaban algo así como una gran novela coral.

(paréntesis acerca del D.F. y los bloggeros. He considerado colocar una foto mía en el blog. Me causaría gran dicha que alguno de quienes se han pasado por aquí me reconociera algún día e invitara una chela (con excepción de Sánchez Villa, el único lector que me ha mentado la madre; salvo él, todo mundo ha sido amable y generoso, inteligente y constructivo en sus comentarios). Desde que abrí el blog he conocido a personas que leían mi blog o cuyo blog yo leía –tantas personas que merecen una entrada aparte–, las he conocido de forma deliberada quiero decir, mediante encuentros concertados. Pero he tenido un par de encuentros fortuitos que me han hecho pensar que el D.F. es una ciudad menos inhóspita y solitaria de lo que solía pensar, una ciudad juvenil, con múltiples vasos comunicantes, onda Los detectives salvajes. Un día estaba en una cantina con mi amiga Valeria cuando vi caminando hacia mí a isteri, en realidad fue Valeria quien me dijo, ‘No manches chepe creo que ahí viene isteri’, isteri me cruzo y entonces le llamé, ‘isteri’, o tal vez le dije, ‘perdona, tienes un blog’, y él me dijo, ‘lear’, y yo le dije entonces, ‘no, soy Emilio, tengo un blog, alguna vez lo has leído y has comentado en él’. ‘Emilio’ me dijo, ‘ahuevo’, en realidad por esa época habíamos descubierto nuestros blogs y estábamos justamente en el intercambio frenético que recién describía. Estuvimos platicando un buen rato, tomando varias chelas que no fueron las últimas. Otro día estaba perdido en el coche en la colonia Condesa. Me tocó un alto, bajé mi vidrio y le pregunté al coche a mi izquierda –al coopiloto– si sabía cómo salir hacia Las Lomas. En el coche iban dos mujeres en sus veintes incipientes. La coopiloto me empezó a dar unas instrucciones muy enrevesadas que me estaban confundiendo (como siempre ocurre en esos casos) hasta que reconocí a quien manejaba el coche, una blogger cuyo blog yo leía muy seguido por esa época. Le dije, ‘perdón, ¿te llamas Cecilia, tienes un blog?’; la coopiloto se río, pero Cecilia me miro como imagino se mira a un psicópata o un pervertido –o así me lo pareció, quizás me equivoco, ojalá– lo cual no dejó de darme cierto coraje pues el encuentro fue una casualidad, feliz y divertida, creo yo, y yo no era ningún pervertido (o no más de lo normal creo) y en ese momento me dirigía a ver a mi novia. En fin, a pesar de todo, estos encuentros me hicieron vislumbrar un D.F. especialmente amable, no carente de una buena estrella a pesar de su laberíntico trazado, en donde uno pocas veces se sentiría solo: la ciudad entera parecía rebozar de posibilidades y relaciones secretas pero firmes, semejantes a las numerosas presencias cada vez más nítidas y familiares poblaban la computadora. fin paréntesis)

Desgraciadamente, he notado una disminución en la actividad de los blogs que leía; y escribo leía porque ahora leo menos blogs y escribo menos también… imagino que yo soy parte de esta actividad menguante. Blogs que me gustaban mucho, como el de Lear, cerraran sus puertas (aunque las reabrieron después). La mayoría no han llegado a ese extremo pero permanecen sin cambios durante semanas o meses y la dinámica de antes se enfrió. Lo que antes era rutinario y coordinado se volvió intermitente y autónomo. No es un reclamo, desde luego, pero la situación es triste, para que negarlo. Ya no es igual que antes. Quizás un ciclo terminó, y pronto los contornos de otro nuevo serán visibles… probablemente aquello no podía durar para toda la vida, pero no importa, escribo esto porque es 1 de enero y la ciudad parece especialmente fría a mi vuelta: fría, solitaria y hermética, como una ciudad extranjera, sin amigos ni afectos ni amantes poblándola.