miércoles, 28 de mayo de 2008

Reminiscencias de Dickens

El menú de hoy en la SRE: sopa de ajo (afortunadamente traigo cepillo de dientes), arroz, frijoles, milanesas (quemadas y tiesas) y de postre gelatina (mejor que el día en que ofrecieron sopa de pasta, coditos con jamón de entrada, frijoles, lasaña vegetariana y arroz con leche de postre).

Las porciones son pequeñas; generalmente me quedo con hambre. Cuando sirven el arroz, ensayo mi mejor sonrisa y con voz compungida le pregunto a la señora gorda de la cocina si podría regalarme otra cucharada. Ella me lanza una mirada entre maternal y libidinosa y me llena el plato de arroz. Camino hacia mi mesa, agradecido como Oliver Twist.

martes, 27 de mayo de 2008

Azote y risas

Durante largo tiempo cultivé un carácter más bien melancólico; mi mamá solía decirme que era demasiado azotado. No me gustaba bailar, y en las fiestas me sentaba en algún sillón alejado de las luces, tomando una cerveza, compartiendo con mis interlocutores comentarios sarcásticos y ácidos acerca de la música y los bailarines. Detesto especialmente el infaltable catálogo de canciones de bodas; si me caso será al ritmo de los Beatles, Louis Armstrong y the Cure.

Siempre me acerqué a las mujeres con esta aura azotada e intelectual; les hablaba de cine, literatura especialmente, desencanto de la política, invariablemente con ironía. La estrategia funcionaba y era la que mejor convenía a mis intereses; la que más podía explotar porque correspondía a mi temperamento y preferencias.

Estos últimos meses empecé a bailar y a reírme más, a menudo entresemana y a veces en el centro de la pista; fui a más fiestas que nunca y disfruté enormemente la gran mayoría de ellas: jamás fueron mis borracheras menos deprimentes. Conocí a una mujer que no parecía demasiado interesada en escuchar mis historias y choros de toda la vida; creo que lo que más le gustaba de mí era mi risa (esa risa que yo siempre consideré desagradable y poco musical: muy grandes los dientes, desmesurada la boca abierta), lo cual era muy conveniente, pues yo me reía de todos sus chistes, incluso –o especialmente– de los más malos. Las relaciones de pareja son complejas, entre quienes tienen todo en común y también entre quienes no tienen nada. Quizá la atracción y las risas y las malas bromas no son suficientes… aunque imagino que hacen de todo el resto algo más sencillo; pero enterarme del valor que tienen, y de que mi risa puede resultar irresistible para alguien, es una de las mejores y más estimulantes lecciones que he recibido.

sábado, 24 de mayo de 2008

Los nacos

La corrección política –de izquierda principalmente– ha transformado en años recientes el significado de esa fea palabra a la que en México somos muy adeptos: naco. Naco es, en su nueva acepción, el político que roba, quien tira basura o trata irrespetuosamente a un mesero, o quien en una discusión se impone a gritos; como si no existieran otras palabras más precisas para designar a estos sujetos: ladrón o corrupto, cínico, prepotente o gandalla, y bruto o simplemente pendejo.

La palabra incomodaba por sus resonancias elitistas, racistas y clasistas, entre otras, pero en vez de no utilizarla para no incurrir en prejuicios, hay quienes prefieren -como explicaba arriba- vaciarla de todo sentido, cambiando diametralmente su significado. Así, una palabra políticamente incorrecta que expresaba desprecio se convierte en una muy bonita y políticamente correcta, que nombra a quien no respeta a los otros o hace gala de escaso civismo. Podría argumentarse que la operación -utilizar la palabra para señalar a ladrones o juniors, vaciándola en el proceso de todo sentido- contribuye a erradicar todo lo feo e incómodo que la palabra sugería en primer lugar, pero me parece que estas creencias o prejuicios, más que desaparecer, se esconden mejor una vez que el significado de la palabra que los desvelaba ha sido oscurecido.

Queda, además, un problema muy obvio. Nos hemos quedado sin una palabra que, precisamente por la carga de prejuicios que acarreaba, para dos cosas servía. Primero: para nombrar a cierto tipo de personas, a los nacos (que se comportaban de cierta forma, pero que también vestían de cierta forma o iban a determinados lugares; la palabra tiene un componente importantísimo de frivolidad). Segundo; para descubrir a quien utilizaba esta palabra, alguien prepotente o pedante o frívolo (prepotente o pedante o frívolo al momento de utilizarla; todos podemos incurrir a veces en estas actitudes).

Propongo, finalmente, una definición de naco que le devuelva a la palabra parte de su significado original, un significado, insisto, jerárquico y elitista, que remite frecuentemente a una distinción entre la nobleza de capa y la de espada. Naco es quien experimenta la modernidad sin gracia, vulgarmente, sin naturalidad ni clase, a menudo ridículamente. Creo que la mención a la modernidad es importante: la naquez siempre se desarrolla en el golfo entre una realidad y una aspiración a colocarse una de los múltiples máscaras de la modernidad (en México es casi siempre el american way of life). Naco sería entonces quien migró del campo a la ciudad y compró en ella una gorra de los Yankees; pero naco es también el rico que ha adoptado a la pantalla de plasma como su fetiche, o aquellos que en los años cincuenta sucumbieron a la tentación de construir una piscina adentro de su casa, entre la cocina y cuarto de la TV. Naca es la noción de que debe haber un cuarto para verla televisión; naca la imagen de modernidad que las telenovelas dieron en México (coches de lujo, casas en Acapulco con muebles brillantes porque estuvieron siempre resguardados en plástico); nacos los celulares con luces estrafalarias o los taxis estrambóticos convertidos en naves espaciales o la ropa que lleva a la marca estampada en lugar más visible posible.

El catálogo es pedante y molesto; remite, ya lo decía, a la distinción entre la nobleza de espada y de capa, por eso a mí no me gusta hacer uso de la palabrita: es utilizada para despreciar o ridiculizar al otro, pero a menudo es uno quien queda como un idiota, especialmente cuando alguien más descubre en nosotros rasgos nacos. Pero poco ganamos oscureciendo la palabra que mejor designa esta mirada elitista y de desprecio al otro; a mí me incómoda, pero me parece importante que éste ahí, diáfano su significado, al alcance de quien quiera utilizarla cuando la ocasión lo merezca, a mi propio alcance cuando lo que deseo es ridiculizar al otro, y ser frívolo o snob.

domingo, 18 de mayo de 2008

El infinito viajar

Después de El Danubio, leo El infinito viajar de Claudio Magris, quien tiene un temperamento similar al mío o al que yo desearía, una sensibilidad como la que yo querría para mí; se está convirtiendo en uno de mis escritores preferidos. Una cita:

Viajar sintiéndose siempre, a un tiempo, en lo desconocido y en casa; pero a sabiendas de que no se tiene, no se posee una casa. Quien viaja es siempre un callejeador, un extranjero, un huésped; duerme en habitaciones que antes y después de él albergarán a desconocidos, no posee la almohada en la que apoya la cabeza ni el techo que le resguarda. Y así comprende que no se puede poseer verdaderamente una casa, un espacio recortado en el infinito del universo, sino tan sólo detenerse en ella, por una noche o durante toda la vida, con gratitud y respeto.

jueves, 8 de mayo de 2008

Un buen mes

Finalmente, el martes entregué la versión definitiva de mi tesis; la madrugada anterior, inmediatamente después de terminarla, me fumé un cigarro mientras escuchaba los que para mí son los nueve o diez minutos más excelsos de la música: los Flamenco Sketches de Miles Davis.

El mes que pasará entre este día y el examen profesional será uno bueno. Por las mañanas iré a correr; a media mañana a la Cineteca, a las matinés bucólicas que tanto me gustan, concurridas por un par de cinéfilos exiliados del mundo y alguna pareja de retirados; squash los martes por la noche y covadongazos los jueves, ahora sí sin culpa alguna. Tengo muchas lecturas pendientes: el tercer volumen de la última novela de Marías, Tu rostro mañana; algo de Murakami que me recomendaron; Hellfire Nation, un ensayo recomendado por mi amigo Guillermo (el futuro presidente de México) acerca del papel que la moral juega en la política americana… tal vez 2066 de Bolaño. Ya encontraré algo de tiempo para cumplir con mis distendidas obligaciones laborales. Las noches serán de fiesta, acompañado de una mujer que es la fiesta y que además me vuelve loco. Y la mejor fiesta vendrá en un mes, después del examen, ya les avisaré.

domingo, 4 de mayo de 2008

La notte

Hace un par de días volví a ver La noche, del gran Antonioni. La película es indudablemente estimulante: estimulante rememorar un tiempo en que se ofrecían cigarros y se bebía champaña en una recámara de hospital; estimulante que las empleadas domésticas y las enfermeras parezcan criaturas celestiales, y que llamen a los pisos pianos; nada más estimulante que imaginar es posible ser escritor y parecerse a Marcello Mastroianni, tener una mujer como Jeanne Moreau y ligarse a Monica Vitti en una fiesta.

La película es también dolorosamente realista. La ruptura de una pareja está condensada en una sola noche… una noche en donde, inmisericordes, hacen su aparición el tedio, el desamor, el hastío. Provoca preguntarse cómo se descompone una relación, cuándo se termina el amor.

¿Sufrirá éste una lenta erosión? ¿De pronto las bromas dan menos risa y el olor nocturno empieza a cansar? ¿El lento desgaste de los cuerpos hace efecto lenta y pausada, pero inexorablemente?

¿Están la naturaleza y el tiempo del amor decididos de antemano? Quizás la erosión es sólo aparente: un proceso cruel que desvela lo que estaba decidido a no ser, a no durar, lo que no tenía ningún futuro y ni siquiera un presente fugaz. ¿Será la erosión un regalo para el ciego incapaz de ver que no resta ya amor, o que éste no existió nunca, en fin, que su suerte está ya echada? Tiene suerte quien no se percata del cambio. Podrá gozar después de la tranquilidad que otorga creer que uno fue feliz y que ella también lo fue hasta el día aciago en que dejaron de serlo.

¿O será la erosión un proceso que después nuestra mente racionaliza? Tal vez las vidas cambian en un solo segundo y es posible entonces destruirse, o salvarse, en un instante; no sería entonces sino hasta después cuando buscaríamos señales del desastre, síntomas de la enfermedad mortal. ¿Podrá la dicha terminarse en un segundo, sin previo aviso?

¿Existen relaciones predestinadas al fracaso?

¿Y existirán personas, por el contrario, con las cuales estamos predestinados a estar, personas a las cuales, pese a todos los golpes y los errores cometidos, podremos volver siempre?

jueves, 1 de mayo de 2008

On J.S. Bach

Escribí un post hace algunas semanas acerca de los regalos que la vida nos ofrece. Además de una plática con mi amigo Jorge sobre el filosófo Agamben, tenía entonces en mente un fragmento de la última novela de J.M. Coetzee, Diary of a Bad Year.

The best proof we have that life is good, and therefore that there may perhaps be a God after all, who has our welfare at heart, is that to each of us, on the day we are born, comes the music of Johann Sebastian Bach. It comes as a gift, unearned, unmerited, for free.

How would I like to speak just once to that man, dead now these many years! "See how we in the twenty-first century still play your music, how we revere and love it, how we are absorbed and moved and fortified and made joyful by it," I would say. "In the name of all mankind, please accept these words of tribute, inadequate though they are, and let all you endured in those bitter last years of yours, including the cruel surgical operations on your eyes, be forgotten."