domingo, 30 de marzo de 2008

Revista de prensa 2. (mensaje de Machetearte para el Pardo y los individuos como él)

Ya han pasado algunas semanas desde que el Pardo empezó a opinar que Hugo Sánchez debe renunciar a la selección; durante este tiempo muchos otros asuntos y temas neurálgicos para el país han arribado a la agenda pública, pero el Pardo sigue obstinado con Sánchez.

Así las cosas, creo que vale la pena transcribir la conclusión del fino y meditado artículo –“Seguro ¿Pemex no se vende”– de Enrique Cisneros y Lila Sarai y Millán, publicado en el periódico Machetearte.

Después de desvelar los planes de Calderón para vender al patrimonio nacional a Halliburton y otras trasnacionales, los autores hacen un llamado al Pardo y el resto de la sociedad civil: “[...] es necesaria la participación activa de todos los sectores organizados de la población, hay que dar la pelea mediante todas las formas de lucha en todos los sentidos posibles pues no han sido gratis los movimientos de La Otra Campaña, Atenco, la APPO, entre otros, que pese a obedecer a demandas aparentemente ‘distintas’, los une un común denominador que es el de la conformación de un frente contra los embates de un gobierno que hace todo menos fomentar y preservar el bienestar de su nación. Ahora ellos están padeciendo la furia de este gobierno represor, pero siguen en pie de lucha. ¿Y tú, querido lector, cuando te decidirás a participar y organizarte en ves (sic) de preocuparte por ver si corren a Hugo Sánchez de la selección?"

viernes, 28 de marzo de 2008

Revista de prensa

Leer la prensa en México (y en casi todo el mundo) apendeja, pero es también una experiencia estimulante que a veces brinda carcajadas; el Reforma del último martes me regaló dos descomunales.

La primera se la debo a un espectacular del Partido Verde en la autopista México-Cuernavaca que afortunadamente el Reforma retrató para la posteridad; en él se lee:

“Protejemos (sic) lo más valioso que tenemos//Vive Verde//Gracias por dejarme vivir.”

La mayor parte del espectacular la ocupa un bebé humano (güerito, podría ser el niño verde antes de venderle su alma al diablo) frente a un bebé arbolito o una plantita bebé. La errata es descomunal. Siempre tuve la certeza de que Jorge Emilio González Martínez y Jorge Kahwagi eran poco menos que retrasados mentales y analfabetas, dos de las personas menos capaces y tramposas de México, pero no hubiera sospechado que en todo el organigrama del partido que irá desde el presidente hasta el más bajo intendente pasando por los publicistas no hubiera una sola persona que se percatara de que proteger se escribe así, y no con “j”.

Más triste resulta que un partido ecologista coloque espectaculares en el campo, en una zona que está protegida o que debería estarlo. Tampoco entiendo, finalmente, por qué un partido verde (los partidos verdes nacieron en Europa durante los setenta, junto con los partidos feministas y pacifistas, en un momento en que la plúmbea izquierda europea necesitaba una sacudida que pasaba en parte por situar en la agenda temas como derechos de las mujeres, homosexuales, etc.) se pronuncia contra el aborto de una manera tan pusilánime y equívoca: a qué vida se refieren, qué vida deben proteger: la de los bebés o la de los arbolitos, no queda nada claro, se trata simplemente de conmover de la manera más ruin posible.

La segunda carcajada se la debo a Guadalupe Loaeza y el artículo que le consagró a la batalla entre emos y demás tribus urbanas. El artículo comienza así: “Si yo viviera en la ciudad de Querétaro y fuera joven, sin lugar a dudas, pertenecería al grupo de los emos.” Después de una sesuda investigación etnográfica a través de Wikipedia y You Tube G.L. concluye: “Por último diremos que los emos son una corriente no violenta, que no le hacen daño a nadie, que lo único que hacen es buscar una identidad de grupo para no sentirse tan aislados ni tan desencantados de este mundo tan problemático.”

Suscribo la idea: yo mismo me siento a menudo “desencantado de este mundo tan problemático”. Enternecedor el retrato. A partir de hoy, y para beneplácito de Sara, este es un blog emo; pronto cambio la foto de Belmondo.

lunes, 24 de marzo de 2008

Nací en 1981

La infancia es un tiempo de certezas en donde nuestros padres –lo que dicen y hacen– constituyen un canon indiscutible de lo correcto y lo incorrecto, el buen y el mal gusto.

Cuando era niño creía que había que votar por el PRD y aborrecer al PRI (los priistas eran ratas y a los perredistas los asesinaban en Oaxaca o Guerrero); el América era más o menos naco, al igual que las cubas, Roque Villanueva, Acapulco y Raúl Velasco, en mi casa se tomaba tequila y cerveza, las vacaciones las pasábamos en una casa de campo en Morelos; la música clásica, los Beatles y Agustín Lara estaban bien, a diferencia de José José; los gringos eran gandallas, nacos y borregos, los europeos cultos, viajeros, y sabían lo que era la buena vida, especialmente los franceses.

También pensaba que pertenecíamos a la clase media (en escuela bilingüe y con casa en Morelos); no éramos ricos, pero definitivamente no éramos pobres. No estaba muy claro quiénes eran los pobres; eran más morenitos y no tenían coche, pero la cosa no era tan clara siempre: había morenitos que evidentemente tenían más dinero que nosotros, pero nunca veíamos a güeritos subiéndose a un camión. Me parecía muy obvio además que la gente que vivía en casa tenía más dinero que aquella que lo hacía en departamentos: dos pisos contra un piso: no era muy complicado.

Las certezas se fueron desvaneciendo. Conocí un par de departamentos que eran flagrantemente más lujosos que nuestra casa. En 1994 nuestros papás tuvieron una conversación seria con nosotros; por culpa de Salinas y la crisis había problemas de dinero: mi hermana y yo no pudimos dormir esa noche preguntándonos si nos convertiríamos en pobres. En el 2000 voté por Fox sin demasiados remordimientos: se trataba de mandar a la chingada a las ratas del PRI. El 2 de julio la felicidad fue absoluta, sin Salinas y sus 40 ladrones todo el dinero que el PRI se robaba regresaría a la sociedad (que nos incluía a nosotros). Ahora soy más escéptico; creo que en las intermedias del 2009 no votaré. Acapulco sigue sin gustarme demasiado, pero de vez en cuando voy y la paso muy bien, emborrachándome con cubas campechanas. Los gringos sí son gandallas, como el resto de la especie humana y el reino animal, los cocodrilos, las hormigas, los zopilotes o los castores… una continua y descarnada competencia por sobrevivir.

La ciudad de México ha perdido los rasgos ochenteros que recuerdo de mi niñez, el color ocre que la caracterizaba por ejemplo. Últimamente me parece menos desgastada y más anárquica, aunque quizás mi impresión se deba a que la conozco mejor y empiezo a desacralizarla. Algunas colonias que antes consideraba pobres se han revalorizado y hay otras clasemedieras que me parecen ahora más vulgares. Todo lo sólido se desvanece en el aire. La política cada vez me interesa menos; me pone menos rabioso que antes; la entiendo menos que cuando cursaba en la universidad la clase de sistema político mexicano. Los ricos conservan sus certezas, creo; a menudo los escucho afirmando que el problema con México es la cultura, la corrupción, los pobres. Los pobres todavía existen, menos amenazantes que antes; a veces viajo con ellos en el metro o como unos tacos en el mismo changarro que ellos, otras veces les doy limosna; no estoy muy seguro dónde estoy situado, pero ellos siguen ahí.

sábado, 15 de marzo de 2008

¿Me estoy convirtiendo en un conservador, un derechoso… un fresa… o soy simplemente más sofisticado que antes?

Cultivé siempre cierto anacronismo que podía parecer conservador: las computadoras solían desagradarme, me gustaban los trenes y el poema de Borges “Los justos”. En el debate entre Camus y Sartre estaba y estoy con Camus. Pero estos eran rasgos con afinidades, que gusta de algunos autores e ideas por encima de otras. Descubro ahora con alarma algunos síntomas que me hacen pensar me convierto en un fresa o un cuate de derecha o algo peor.

1. Trabajo. No en una empresa ni en el PAN sino en el gobierno (en la SRE), y solamente un par de días por semana. Pero tengo un ingreso, facturo y pago impuestos: ciertos hábitos inevitablemente cambian.

2. Las caricaturas de mis antes adorados chamucos que se burlan de la gordura del Secretario de Hacienda Carstens me parecen vulgares y sin chiste, nada que ver con la fina ironía de Hitlercito.

3. Hace poco fui al peluquero por primera vez en años (antes me rapaba con una máquina), es decir, pagué para que me hicieran una muy ligera despuntada, todo porque ya no soportaba mis patillas anárquicas.

4. He dejado de ir al insalubre changarro de tacos de la esquina. Ya no como suaderos sino gringas, y muchas veces en el Tizoncito.

5. Julio Hernández se ha convertido en mi bête noire.

6. Me enteré de la existencia de unos zapatos Manolos: caros, cómodos y muy chic se supone: el mero hecho de conocer su existencia me parece preocupante. Después de años de fidelidad a las Dr Martens y los tenis de fútbol, recientemente compré unas botas distintas, más puntiagudas; según yo eran estilo Bruce Springsteen, pero ya vas más de uno que me dice que están muy fresas.

7. He abandonado los bares que rodean a la UNAM. Cada vez voy a lugares más al norte de la ciudad. A mis amigos de la universidad empiezo a encontrarlos en restaurantes de cierto nivel: pedimos vino y entradas, postres y expresos cortados al final.

8. La trova me provoca una güeva insuperable.

9. Leo El País, desde hace algunos años. Pero el diario que antes era de izquierda se ha convertido en instrumento de la derecha; critica a AMLO y es parte de un grupo de empresas españolas que quieren reconquistar América Latina y que además corrieron a Carmen Aristégui.

10. Empiezan a gustarme las chavas (¿niñas?) fresas.

No me reconozco. No sé qué pensar. ¿Soy de derecha o de plano estaba muy jodido antes? ¿Tenía razón Hugo Sánchez cuando me deseó suerte con mi vida?

miércoles, 12 de marzo de 2008

Un anónimo escribió un par de comments al post anterior diciéndome algo como, 'ya escribe guapo' o 'espero no te estés afresando, piensa en tus lectores guapo.' Gracias por el interés y por lo de guapo, aunque el de la foto no soy yo sino Jean-Paul Belmondo... temo, por otra parte, que sí me estoy afresando a ratos, aunque ya volveré al tema.

Dejé de escribir porque estuve fuera de mi casa y sin internet durante unos días a causa de una enfermedad que me partió la madre, pero de la que ya voy saliendo. Consagré una semana a dormitar durante el día y sufrir insomnio por las noches; una semana durante la cual me tomé apenas tres cervezas, leí un ensayito de Sartre que se me resistía (Qu'est-ce que la littérature) hace tiempo, disfruté del triunfo de los Pumas y Zapatero, y organicé con mis amigos una conjura/proyecto de investigación que promete cuestionar seriamente los conceptos mediante los cuales nos explicamos y miramos nuestra posmodernidad mexicana.

En fin, pronto escribiré algo acerca del PRD o Antonioni o la fugacidad del enamoramiento, además del post pendiente acerca de mi conservadurismo o fresez.

A très bientôt, los mantendré al tanto del proyecto de investigación.

sábado, 1 de marzo de 2008

Eclipse

El eclipse lo vi desde el techo de mi casa. Lenta pero firmemente la luna se tornó naranja. Nunca estuvo Marte tan cerca del mundo.

Aunque interrumpida por los coches y el ladrido de los perros, la noche era tranquila: iluminada por el efímero sol naranja; atravesada por las luces de los aviones. En alguno de ellos viajabas tú; observabas la misma luna, aunque estabas más cerca de ella.

No parecía el aire demasiado distinto del fondo del mar: calmo, en silencio y frío; surcado por las sombras de los peces contra la luna; iluminados sus fragmentos por las luciérnagas marinas que habitan su fondo. Aquí el abismo se extiende en todas las direcciones: es fácil sentirse solo y a la deriva.

La luz naranja y la bruma y las nubes naranjas tardaron todavía un rato en desvanecerse. El cielo recuperó su negritud de antes. Los aviones solitarios continuaron su viaje a través del agua mansa. La oscuridad y el espacio entre nosotros crecieron.