miércoles, 30 de enero de 2008

Dentro de algunos años...

8.25 Me despierto, muy levemente crudo después de la borrachera terrible de ayer (he aprendido a dominar las crudas y el alcohol) con motivo de la victoria de México sobre Argentina, en las semifinales del Mundial. Lo primero que veo es la espalda larga de mi amada, su cuello perfecto… hacemos el amor. Me quedo dormido.
9.30 Vuelvo a despertar. A través de la puerta del baño entreabierta veo la silueta de mi amada en la regadera. Escucho en el estéreo las variaciones Goldberg. Percibo el olor a café preparándose.
9.45 Desayuno con mi hija bellísima (el vivo retrato de su madre). Tiene 11 años. Hablamos de cine; adora a Antonioni y a Chaplin, empieza a entender a Kieslowski.
10.15 Me voy a correr: 15 km. en 35 minutos.
11.30 De regreso a casa compro la prensa y la Playboy (Eva Green en la portada).
11.45 Leo el periódico. Se descubren dos novelas inéditas de Bernhard. Cinco estrellitas le da Rolling Stone al nuevo disco de Dylan. Zinedine vuelve a las canchas, jugará un año con los Pumas. Mario Marín y Julio Hernández [1] encarcelados. Pati Chapoy, Jordi Rosado y Javier Alatorre muertos en un choque (ninguno sufrió).
13.30 Prendo la televisión. López Obrador, Enrique Krauze, Carlos Monsiváis y Michel Foucault discuten la esencia del mexicano en la posmodernidad. Me cago de risa, derramo un poco de bilis, anoto un par de ideas interesantes.
15.45 Llamada de mi editor. Mi novela, La gotera en el grifo de mi alma, será traducida al danés y al chino.
15.51 Otra vez mi distraído editor. Olvidaba decirme que van a hacer una película de la novela. Dirige Wong Kar-wai. Jude Law, Javier Bardem y el actor fetiche de Wong audicionan para interpretarme (es autobiográfica la novela).
17.05 Prendo la tele otra vez. Informe de gobierno del presidente de la república Guillermo Ávila, mi amigo de la Universidad (ha recorrido el largo trecho entre la derecha y la izquierda). Todo bien en el país.
18.10-23.30 Leo un rato, hago el amor un rato, escribo un rato. Me siento Hemingway, solo que más guapo.
23.45 Toco con mi banda de jazz. El lugar está repleto de groupies. Agradecido, el dueño del lugar nos invita a cenar. La champagne corre y vuela. Todas las groupies son espectaculares, aunque menos espectaculares que mi amada que me espera.

8.08 Me despierto, ahora sí en serio. Todo fue un sueño. Es larga la jornada, larga como la espalda de mi amada.

[1] El lúcido, objetivo y simpático columnista estrella de La Jornada.

domingo, 27 de enero de 2008

Videotape [1]

[...] no volví a sentir esa calma ni a percibir mi vida de una manera tan simple, con tanta claridad –tal vez producto de la claridad del cielo y del alcohol haciendo su efecto–, solamente en esos momentos contigo pude mirar mi vida como algo real y asible e irrefutable, no como proyecto o anhelo, o a modo de temor o añoranza. Tal vez en esos momentos me sentí por primera vez conforme con un momento: estar junto a ti, mirando el sol menguante, bastaba. Éramos los dos, junto al río helado y ya: solamente en esos momentos despareció por completo la imagen del otrora furibundo río, la imagen de Paloma esquivando mis ojos, no hubo más rostros, ni palabras como ecos, resonantes tenue pero firmemente en mi memoria, mi traidora memoria que durante esos minutos juntos se esfumó y me dejó más solo que nunca, sin el desosiego, los proyectos y los recuerdos que en ocasiones tan malamente llevamos, como una carga; sin mi padre paseándome de la mano en mi ciudad de infancia, sin fantasmas y sin hojas dibujando inconstantes patrones en el cielo que entonces sí prometía tormenta. Esa tarde incluso las nubes desaparecieron –no desaparecieron sino que nunca fueron– durante esos segundos en que el azul bestial devoró cualquier asomo de algo que no fuera resplandor de invierno, todo fue engullido por esa luz. Todo lo cambiante, lo dudoso, y en general, todo lo que siempre pareció asentarse en las aguas verduscas de un pantano, se asentó entonces sobre una superficie fugaz, pero la palabra no acude a mí sino hasta ahora: la duración de lo fugaz fue eterna, porque no hubo roce ni desgaste en ese breve tiempo. Fue éste lo contrario al tiempo: pura impresión, el calor del sol sin la presencia guardiana y fantasmagórica de mi madre tan lejana, sin su miedo por mí que nunca decrecía, sin ese amor y su peso, la carga de la sangre. Los momentos contigo, cuando dejaba de pensarlos y de verlos como fragmentos de un tiempo lineal, que viene de un lugar y se dirige a otro, fueron los que mejor respondieron a mis ansias de ligereza; en ellos dejé de pensar y sentir al tiempo como un hilo inexorable y misterioso que ataba todos los nombres y recuerdos. Fue en aquellos momentos efímeros exiliados del tiempo cuando pude disfrutarte como imagino tú me disfrutaste a mí: sin recelos ni reservas ni miedos.


[1] Es el título de la última canción del disco de Radiohead, que ahora escucho. El fragmento que sigue algo debe a la última entrada del post de Sara y a un par de conversaciones con mi amigo Pipe.

In Rainbows

Domingo soleado por la mañana. Escribo mientras escucho el nuevo disco de Radiohead: Weird Fishes/Arpeggi en este momento, mi canción preferida. Hacía tiempo que Radiohead no grababa un disco tan bello y fácil de escuchar, canciones tan luminosas como éstas. Espero que la dicha sea algo parecido a esto.

miércoles, 23 de enero de 2008

El lamento de Swann

"Y pensar que he desperdiciado años de mi vida, que viví mi más grande amor, que he deseado morir, por una mujer que no me gustaba, que no era mi tipo..."

domingo, 20 de enero de 2008

Rectificación

Escribí hace unos días que México se estaba yendo a la chingada; llegué a afirmar que si bien en todos lados se cuecen habas, en este país solamente se cuecen habas. La desmesura y el pesimismo obedecían a una visita por las páginas de la revista Quién, pobladas siempre por oportunistas carentes de talento alguno.

Afortunadamente, también hay buenas noticias. Leo en Reforma que “una cadena humana de 225 patinadores se movió sin romperse durante dos minutos y medio en la pista de hielo del Centro Histórico para imponer un nuevo Récord Guiness.” Tradicionalmente incompetente en Olimpiadas y Mundiales, México ha escrito páginas gloriosas en el libro de los récords Guiness. Hace algunas semanas rompimos otro par de ellos; horneamos la rosca, y preparamos el trompo de pastor, más grandes del mundo. Importa poco que México sea el único país que cultiva el fino arte del taco al pastor, al contrario, el récord se hace más valioso: no solamente somos los únicos, también somos los más grandes.

Lo malo es que estas marcas pueden conducirnos –o reflejan bien nuestro éxito en la materia– al primer lugar en otra competencia –ésta sí mundial– en la que vamos hasta ahora en segundo lugar, detrás de los gringos: la del país con más obesos per cápita. No importa. Encuentro el balance positivo y creo que son excelentes noticias que invitan al optimismo.

miércoles, 16 de enero de 2008

Elogio a Jean-Paul Belmondo y el cigarro




Hace algunos días volví a ver A bout de souffle, protagonizada por Jean-Paul Belmondo, la deslumbrante Jean Seberg, y decenas y decenas de cigarros. El héroe de la película –Michel Poiccard– conduce un auto, mata a un policía, huye de los compañeros de éste por campo y ciudad, roba a una ex, se reencuentra con una antigua amante –Jean Seberg–, coge con ella, hace muecas frente al espejo, boxea contra un fantasma, roba un auto, sigue huyendo, etc., etc., etc., sin dejar de fumar nunca: siempre hay un cigarro en su boca, o una colilla recién lanzada al suelo o un nuevo cigarro a punto de ser encendido. No importa que Belmondo sea atlético, de dientes blancos, y andar de fondista: no hay contradicción entre su vicio y todas estas cualidades.

Hablo de Belmondo porque hace unos días me propusieron por esta vía un ejercicio interesante: hacer un listado de las cosas que me gustan y me gusta que me gusten; las que me gustan y no me gusta que me gusten; las que no me gustan y me gusta que no me gusten y; finalmente, aquellas que no me gustan y no me gusta que no me gusten (no se preocupen, yo tampoco entendí ni madres la primera vez). Ya redactaré mi lista, pero la primera cosa que me vino a la cabeza fue fumar. No me gusta fumar y no me gusta que no me guste.

Durante mi adolescencia acepté con honestidad que me vería ridículo y patético con un cigarro en la boca. No era rebelde ni popular ni precoz ni nada. Después cultivé un gusto por la originalidad que se complementaba bien con no fumar puesto que la mayoría de mis amigos fumaban. Después me fui una temporada del país. Crecí, compré una chamarra de cuero (que conservo y será tema de un futuro texto), conocí a Godard y a Belmondo, leí a Bukowski (padrino de este blog), decidí que el deporte y el fútbol no eran lo mío, entré en la Universidad, me pensé escritor, empecé a tomar –intempestivamente en ocasiones– y decidí que, como el personaje de Woody Allen en Manhattan, yo me veía muy guapo fumando y que no hacerlo era un desperdicio o una injusticia hacia mi rostro. El último día del 2002 decidí que mi propósito para el año siguiente era empezar a fumar. Mis comprensivos amigos me regalaron en mi cumpleaños una bonita pipa y yo empecé a comprar Delicados, seguramente los peores cigarros para perseguir con éxito mi propósito. Lentamente me di cuenta de que el cigarro no me gustaba, no lo disfrutaba y las crudas eran terribles, me hacían desear no haber nacido, acompañadas de una nausea que no menguaba a lo largo del día. Fui abandonando el cigarro, volví a jugar fútbol, empecé a correr en el Bosque de Tlalpan... perdí la inocencia en pocas palabras. Sin embargo, a veces recuerdo viejos tiempos y enciendo un cigarro. Lo hice recientemente, cuando las noches en que terminé mi tesis. Suelo hacerlo también cuando estoy solo en mi casa por la noche, escuchando los Flamenco Sketches de Miles Davis o algo así... El cigarro –decía una amiga– nos permite capturar al tiempo, puede darle a las vastas y misteriosas y con frecuencia insomnes noches una unidad durante los minutos en que se consume; nos hace compañía aunque ésta pueda no ser la más grata; brinda sosiego y permite estar en silencio aunque no a solas, olvidándonos de nosotros durante un rato.

miércoles, 9 de enero de 2008

Quién (o de como este país se va lentamente a la chingada). 1.

Hace algunas semanas, la siempre lamentable revista Quién dedicó un número a la “tragedia de nuestros hermanos tabasqueños” (hermanos ocasionales; casi nunca los veo en la revista, solamente cuando la capital de su Estado se inunda). “México saca la casta” o alguna ridiculez por el estilo se leía en la portada, protagonizada por la primera dama Zavala, acompañada en las páginas siguientes por Calderón, el gobernador de Tabasco y algún otro político cuya presencia, si no justificada en la publicación, sí lo estaba en el lugar al menos. Lo malo es que junto a ellos estaban todos los personajes que suelen poblar la revista. Todos. Ahí estaba Pati Chapoy –no tengo el ejemplar en mis manos, I’d love to name names– junto a actores, actrices, cantantes, etc., cargando sacos con alimentos mientras sonreía a la cámara; ahí estaban también Roberto no se qué, del Vistahermosa, fotografiado mientras levantaba cajas con botellas de agua, Paola Flores, de no recuerdo qué escuela, “ayudando con estilo”, eso decía la revista. Todos posaban como acostumbran hacerlo, pero con ropas de batalla, ideales para ejercer la filantropía en el pantano. Toda la buena acción –de ayuda o solidaridad– quedaba anulada por la grosera exposición: todo sufrimiento puede ser utilizado... capitalizado. En este caso lo explotaban los personajes de la revista, y de la forma más grosera posible, demostrando que toda ocasión –incluso la más triste –es propicia para mostrarse.

Por las mismas fechas la misma revista consagró su portada a Enrique Peña Nieto, “El viudo de oro”. “Sigo en duelo pero no me veo solo a futuro”, afirmaba. Muchas bonitas estampas toluqueñas se encuentran en las páginas que siguen. El “verdadero gober precioso” (en serio, así lo llaman) sonríe compungido a la cámara; el “gober precioso” y sus hijos comen servidos por varios meseros de etiqueta (“apúrate a comer ese espagueti que se va a enfriar”, le dice a su hija); varias fotos más del “gober precioso” con sus hijos jugando en el jardín, etc., etc., etc. Imagino que la aparición en Quién obedeció a una lógica electoral: el personaje podría ser presidente de México dentro de algunos años. El mecanismo es diáfano: la tragedia de la muerte de su esposa también puede ser capitalizada: Peña Nieto pretende inspirar ternura, admiración y compasión en su faceta de papá soltero. Muy lamentable, tan lamentable como que el padre y el hijo tengan exactamente el mismo peinado, impecable, raya de lado a base de limón: pocas cosas tan ridículas he visto.

En todos lados se cuecen habas, ya lo sé, ahora misma Francia padece a un presidente megalómano, mitad CEO y mitad Julien Sorel desaventajado, un tipo de sonrisa y rictus congelados que pasea a su novia (como es posible que Carla Bruni haya pasado de Mick Jagger a esa cosa) muy ufano por las revistas people (en serio, así les dicen a las revistas de chismes por allá), pero a veces parecería que en México solamente se cuecen habas.

sábado, 5 de enero de 2008

René Bejarano, Chateaubriand y yo

Ayer me topé con René Bejarano (sí, el de los videos; acuérdense) en Tlatelolco; caminaba apresurado y furtivo, la cabeza levemente agachada, los ojos esquivos, silueta desaliñada. Me hizo pensar en una especie de Raskolnikov, perredista y cuarentón, que se dirigía al apartamento de alguna usurera de Tlatelolco (imagino abundan), pero la comparación es claramente herética, indigna para Raskolnikov y las historias de la literatura y el asesinato. Lo que quiero decir es que parecía meditabundo, lejano del cinismo mostrado cuando los tiempos del maletagate; quizás sea más acertado y justo afirmar que se asemejaba a un burócrata en apuros, lleno de pesadumbre y desasosiego, como yo mismo me siento a veces.

En fin, por un instante pensé en repetir la boutade de hace algunas semanas, cuando Hugo Sánchez me dedicó un libro de Roberto Bolaño (chistosada que me pareció kitsch en su momento, pero que, una vez leído el libro, encontré imperdonable). En la mochila tenía The Recognitions de William Gaddis y las Memorias de ultratumba, el primero propiedad del Colegio de México (visualicé a eruditos preguntándose a quién chingados pertenecían esas palabras) y el segundo mío, una bonita edición comprada con mi primer sueldo. Pero la cosa no me pareció ni cagada ni kitsch ni posmoderna ni irónica ni nada, simplemente una idiotez, una vulgaridad y una afrenta hacia alguien que se esmeró, a lo largo de miles de páginas, en no escribir nunca nada vulgar. Así que desistí.

jueves, 3 de enero de 2008

"God´s concern with the most insignificant objects in life..."

This… these… the art historians and the critics talk about every object and… everything having its own form and density and… its own character in Flemish paintings, but is that all there is to it? Do you know why everything does? Because they found God everywhere. There was nothing God did not watch over, nothing and so this… and so in the painting every detail reflects… God’s concern with the most insignificant objects in life, with everything, because God did not relax for an instant then, and neither could the painter then. Do you get the perspective in this? He demanded, thrusting the rumpled reproduction before them. –There isn’t any. There isn’t any single perspective, like the camera eye, the one we all look through now and call it realism, there… I take five or six or ten… the Flemish painter took twenty perspectives if he wished, and even in a small painting you can’t include it all in your single vision, your one miserable pair of eyes, like you can a photograph, like you can a painting when it… when it degenerates, and becomes conscious of being looked at.
[…]
-Like everything today is conscious of being looked at, looked at by something else but not by God, and that’s the only way anything can have its own form and its own character, and… and shape and smell, being looked at by God.


-William Gaddis, The Recognitions