jueves, 14 de agosto de 2008

Summer days

Viajo en el Metrobus; a través de las ventanas se pueden ver perfectamente los rayos de luz que se distinguen entre ellos y arrojan luz sobre el generalmente invisible polvo. Es un día resplandeciente. La mayoría de los pasajeros van sentados y parecen relajados; yo también, veo C.U. y las nubes y montañas mientras escucho Positively 4th St. de Dylan. Solamente hay una pareja de pie; ella es atractiva, pero él la mira como si se tratara de Scarlett Johansson o Red Shoes Girl.

He decidido prescindir del coche. Me gusta caminar y mirar a las personas; también estar solo, pero lo disfruto más en mi casa, por la noche, después de haber caminado entre la gente. En la línea 3 del metro veo a muchas personas enfermas, de apariencia derrotada, que seguramente van a Centro Médico: un viejo con un ojo rojo, muy rojo y ciego; un joven cuyos ojos parecen a punto de salir de sus órbitas y cuya piel, restirada, estallará en cualquier momento; mujeres con manchas violeta en la cara y extraños tumores que brotan del cuello o la boca; viejos que apenas pueden caminar y cogen el bastón esforzados, con miedo a caer cada vez que el vagón se detiene o echa a andar, un catálogo horrible y monstruoso… pero también veo grupos como los de hoy, parejas jóvenes o mayores y niños ruidosos de pinta y disfrazados de futbolistas, o adolescentes en Tlatelolco disfrazados de punks, de negro bajo el sol de mediodía, intentando trucos en sus patinetas todo el día, dándose madrazos y levantándose una y otra vez, adoloridos y cagados de risa, exprimiendo el verano y la propia juventud.

(Me gustaría irme de vacaciones a alguna playa en el Pacífico. No hacer nada sino jugar futbol y dominó, hacer el amor y escuchar a Dylan y a Coltrane sin hablar de política ni leer a incomprensibles antropólogos, mientras las Olimpiadas transcurren silenciosas en una tele en la esquina del improvisado restaurant de la playa, las gimnastas y Phelps y los ridículos y absurdos levantadores de pesas desfilando en mute mientras yo miro preocupado mi mula de seises que no puedo soltar, bajo la palapa que huele a mariscos y arena.)

Hoy caminé junto a mi papá hasta la estación de metrobus –yo iba al trabajo; él a comprar el periódico en la esquina. Vive en los Cabos pero vino al DF un par de meses. Lo bueno de que los papás vivan lejos es que después es posible mirarlos como amigos; sin ánimo de sacralizarlos o asesinarlos, dan ganas en cambio de caminar con ellos por Insurgentes hablando de la reforma eléctrica, Sven Goran Ericsson, la nueva película de Woody Allen, mi eventual posgrado o demás pendejadas. No me gusta trabajar ni estar con prisas. Me gustan los días soleados; bastan para hacerme mirar de manera distinta mi vida y problemas. Me gusta la soledad, pero también me gusta bajar a la cocina y percatarme de que alguien preparó café y compró el periódico. Me gusta despertar y escuchar a lo lejos, detrás de la puerta, la música que suena.

22 comentarios:

El Nahual dijo...

A mi también me encanta el sol y es cierto, todo se percibe distinto.

bandeàpart dijo...

Entre Scarlett Johnasson o Red Shoes Girl no hay como elegir. Yo elegiría a la Johansson, pero solo por RSG ya tiene a alguien. Aunque SJ también, pero no importa, podemos perdernos en Tokio.
Cuando vamos a Valle a jugar dominó y tomar buen vino?? En el próximo congreso de Avon. Y si, sigo manejando como Annie Hall.

Xavier dijo...

Un hecho es que gran parte de nuestra evolución es en base a nuestra habilidad para caminar. Estamos hechos para caminar, no para estar sentados en un coche, atorados en el tráfico, ni en una oficina. Debemos sentarnos sólo para descansar, no lo opuesto: el levantarnos para estirar las piernas. No soy el gran deportista ni nada, pero puedo caminar todo el día y no sentir el cansancio hasta que me echo a descansar. Es raro, porque seguramente no puedo correr por más que 2 ó 3 cuadras.

Es verdad que de grande se disfruta más a los padres. Es natural, las actitudes que se nos hacían tan extrañas antes ya las entendemos porque pasamos por situaciones similares. Ya podemos verlos como realmente son, no con la distorsión provocada por la infancia y la adolescencia...
Saludos!

ELE GG dijo...

Pues me apunto para el viaje al Pacífico, excepto por la parte de la Olimpiadas, me agrada ver todo el fenómeno, caras de satisfacción al ganar una medalla y de frustación porque fueron años de su vida dedicado a algo que tendrán que esperar otros cuatro años para intentarlo.
De la mula de seis, nunca se me ha ahorcado alguna.

dèbora hadaza dijo...

me gusta leerte...

Jolie: Desde la Barandilla dijo...

me encanto la descripcion que aun sin saler en estos dias "nublados" de verano... me quedo perfecto para ese tour entre lineas de sabado...

la valedora dijo...

no se como puedes vivir tan calmado en esta ciudad tan ajetreada... sales de lo ordinario... para mi es casi imposible vivir sin coche, diario recorro grandes distancias y la mitad de mi varo se me va en gas...

RED SHOES GIRL dijo...

Gracias por lo que me toca..... besines

Yo te acompaño de viaje al Pacífico.

Jorge Masta dijo...

ahy sí, pequeño soñador, que bueno que te guste el sol, caminar, obervar a la gente en el transporte púbico y hacer de sus desgracias al curiocito... a mi también me encanta leerte porque me identifico mucho contigo. Gracias por tu texto.

The Phoenix dijo...

bueno, faltaba un texto así luego de las editoriales y noticias onde uno termina asustado de vivir en una ciudad tan caótica y violenta.

Sí a mi también la soledad y el caminar harto me late.

Salú!

Pipe dijo...

gracias por tus comentarios... los tomaremos en cuenta.

Emilio dijo...

Hola a todos, oigan les recomiendo el blog del maestro Pipe:
silbandoenlaloma.blogspot.com
No se van a arrepentir...

ELE GG dijo...

¿por qué ya no has escrito? Extraño esa sensación de nostalgia, tranquilidad y claridad que me dejan tus post después de leerlos.

Saludos

Emilio dijo...

Es que me he estado clavando mucho en el blog que les recomendé pero ya pronto postearé algo nuevo. Gracias por tus comentarios.

Emilio dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Garcín Altoalcázar dijo...

Joder, qué bien.
Por lo que veo, todos estamos un poco deprimidos últimamente.
Y quiero decir todos.
Acaso sólo sea eso, que así nos va por haber haber nacido. Quién nos mandó. Y quién nos manda quedarnos.
Qué sé.
Yo disfruto más de mi soledad y preferiría casi siempre que todos se fueran muy lejos, que la ciudad funcionara, con poca gente, sin tráfico y con vagones accesibles en el metro. Pero no siempre. Sólo casi siempre. Las demás veces preferiría que todos se murieran. Y se fueran al cielo, claro, y fueran más felices en otras latitudes existenciales.

Ambrosio Cajinas dijo...

El Pardo ya no existe. Se ha retirado a dejarse crecer la barba. Pero me ha legado toda su sabiduría.

Darth Tater dijo...

Leyéndote me siento transportada a otro México: el que debió haber sido hace 40 años... y sí, te imagino con tu sombrero, tu cigarro, tu traje de pachuco y esas tardes indolentes más que de verano, de primavera en el D.F...

Anónimo dijo...

sí, a mi me pasa lo mismo. Seguramente eres todo un pachuco.

Pascual Cabezas dijo...

México no tiene remedio, porque la cultura mexicana es cultura pendeja. Pero el sol de México es rico, eso sí.

Anónimo dijo...

Pascual tiene toda la razón! El sol y los camarones!

Luis Porter dijo...

Hola Emilio, esta entrada si me gustó, es significtiva, me recuerda charlas que tuvimos. Es significativo que en los comentarios muchos hayan notado al sol, y ninguno la charla con tu padre. Es normal en esta sociedad donde los jóvenes se han acostumbrado a no tener una buena relación con el padre. Creo que es trascendente que puedas referirte al gusto de charlar por insurgentes con tu padre de lo que sea...no es comun. También es simbólico y fuerte reconocer la felicidad que se siente cuando al despertar sabemos que hay café, un periódico, la mùsica de alguna radio, incluso humo de cigarrillo. Ese despertar hogareño, donde el desayuno se anticipa por una conversación cuyas palabras nos llegan borroneadas, pero donde los tonos transmiten la charla trivial y mañanera de alguien que prepara algo en la cocina. Pocos lo reconocen y aprecian de jóvenes. Requieren traspasar la década de los cincuenta para sentir esos golpes de nostalgia, es entonces cuando se disponen a escribir sus memorias... jaja, too late!