jueves, 30 de agosto de 2007

Los 5 segundos más angustiosos en la historia de la música

Dum dum dum di di dum dum. dum dum dum di di dum dum. Esos cinco segundos del bajo de John Deacon de Queen, cuando aún no sabemos si sigue Freddie Mercury (con David Bowie, para mayor felicidad) o Vanilla Ice, son sin duda los peores de la música, los de mayor incertidumbre al menos, los más angustiosos.

sábado, 11 de agosto de 2007

Alguien me preguntó por el título del blog y por el poema de Chinaski. Como anunciaba, el título podrá cambiar, y quizás elija pronto algo más optimista o luminoso, me decidí por él, sin embargo, porque este año no ha sido especialmente luminoso. Hace algunos meses estaba en París, viviendo en un departamento amplísimo y maravilloso en la rue de l’Aqueduc. El 1 de julio –espero no equivocar la fecha– veía en ese mismo departamento repleto de amigos el partido entre Francia y Brasil. Brasil era el favorito, y el equipo francés, más allá del gran Zidane, parecía titubeante, sus partidos de primera fase habían sido malísimos y su victoria frente a España, aunque contundente, no bastaba para cifrar en él demasiadas esperanzas (todo conocedor del juego del hombre sabía que España, aunque exuberante en su juego, no tenía oportunidades de llegar muy lejos). Francia era el favorito de la concurrencia y también el mío, eliminado ya México. Sucedió lo inesperado. Zidane ofreció la mejor actuación del Mundial, se sacudió de su letargo y Francia eliminó a Kaká, Ronaldo y cía. Alguien exclamó entonces, “¡y mañana gana AMLO! Yo también esperaba y deseaba entonces el triunfo de rayito de esperanza, y durante unos instantes todo pareció posible. Yo estaba, además, enamorado (no de rayito de esperanza), terriblemente enamorado, y era correspondido: la vida parecía muy feliz y sencilla: desbordante de posibilidades…

Un largo año después. Zidane se ha retirado, y lo hizo de la manera más horrible posible. Rayito de esperanza perdió la elección de la peor forma posible también –se niega a retirarse–, derrochando irresponsabilidad, triste y rabioso, en una fuite en avant estúpida, peligrosa e incomprensible para cualquier lógica distinta a la histriónica. Mi enamoramiento y yo languidecemos, y me he dado cuenta, para colmo de males, que mis preferencias políticas de entonces eran extremadamente ingenuas e idiotas (más lo último que lo primero: shame on me).

¿Hay alguna moraleja? Shit happens. Por otra parte, mis opiniones políticas se han sofisticado. Hace unos meses tuve la fortuna y desgracia de ver en una sola noche en la televisión a Leonel Cota, frente a interlocutores más bien hostiles: Soledad Loaeza y Manuel Espino primero (ella conduciendo el programa, él como invitado), Jaime Sánchez Susarrey (a quien no soporto) y Pablo Hirirart después. El presidente del PRD es incapaz de hilar tres palabras con un mínimo de coherencia, plagado de creencias y carente de idea alguna (me recordó a mis compañeros de polacas de primer semestre, y recién iniciado éste), se dedicó a pontificar acerca del fraude y el fobaproa (y no creo que sus fieles fueran muy abundantes a la una de la madrugada). Manuel Espino –con todo y su bigote– parecía junto a él el colmo de la lucidez, lo que ya es decir demasiado. En fin. Me prometí no votar por el PRD mientras semejantes personajes lo dirigieran.

Tras tanta desesperanza, realismo, y madurez, unas palabras ingenuas y esperanzadoras. De Hemingway, citado por Vila-Matas,
“París no se acaba nunca, el recuerdo de cada persona que ha vivido allí es distinto del recuerdo de cualquier otra. Siempre hemos vuelto, estuviéramos donde estuviéramos, y sin importarnos lo trabajoso o lo fácil que fuera llegar allí. París siempre valía la pena, y uno siempre recibía algo a cambio de lo que allí dejaba. Yo he hablado de París según era en los primeros tiempos, cuando éramos muy pobres y muy felices.”