lunes, 1 de octubre de 2007

Vi a una mujer en su coche desde el Metrobus. Prematuramente envejecida, –toda esperanza y anhelo difuminados– fumaba; en cada interminable inhalación parecía que su rostro se encogía y arrugaba. Las cenizas del cigarro, sacudidas para que cayeran en la calle, se fueron volando hacia arriba, como un polvo gris anárquico.

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